Imagen por Andrés Casas
VIDEO PERFOMANCE
EL ESTADO SOY YO
DIRIGIDO POR CARLOS FLORES Y SEBASTIÁN ARRIAGADA
Videoperformance en vivo que reimagina el cortometraje ‘El Estado soy yo’ (1980) de Carlos Flores. Cuerpo, música y archivo se entrelazan para proyectar una película aún por venir, donde la obra no regresa ni se adapta: aparece de otra manera.
Este 2025 se mostro en 3 lugares:
Universidad de Chile
Fidocs 29
Sala de Cine de Ñuñoa
| He decidido hablar sobre un tema que no es de mi incumbencia, precisamente, porque quiero proponer que no exista incumbencia de tema para nadie, que nadie se sienta a cargo de tema alguno, y que todos, por el contrario, nos metamos siempre en lo que no nos incumbe. Soy yo quien lee este texto porque he pertenecido a una minoría que ha tenido el tiempo y las circunstancias necesarias para desarrollar en ella misma una cultura artística, y porque los recursos materiales de la técnica son limitados, y por lo tanto, al alcance de unos cuantos y no de todos. |
| Al preguntarme por qué soy yo quien lee este texto y no otro, no me mueve una preocupación de orden ético, sino una preocupación de orden estético. |
| ¿Qué sucede si el futuro universaliza la enseñanza; si el desarrollo económico y social reduce las horas de trabajo; si la evolución de la técnica cinematográfica –como ya hay señales evidentes- hace que el cine deje de ser privilegio de unos pocos? ¿Qué sucede si con el desarrollo del video cassette los aparatos de televisión pueden –como ocurre aquí en este momento- proyectar con independencia de la planta matriz ,creándose de este modo un circuito de exhibición alternativo y horizontal al oficial? ¿Qué sucede si todos los hombres logran crearse las circunstancias y el tiempo necesario para ser, como profetizaba Borges, cada uno su propio Dante, cada uno su propio Shakespeare? ¿Qué sucede si los artistas dejan de agobiar al mundo con su genialidad? Sucede, entonces, no sólo un acto de justicia social, la posibilidad de que todos los hombres puedan ser productores de arte sino un hecho de extrema importancia para la cultura artística, la posibilidad de rescatar sin complejos ni sentimientos de culpa de ninguna clase el verdadero sentido de la actividad artística. Sucede, entonces, que podemos entender que el arte es una actividad desinteresada del hombre. El sentimiento de que esto es así, y la imposibilidad de practicarlo en consecuencia, es la agonía y al mismo tiempo el fariseísmo del arte contemporáneo. El arte es y ha sido siempre necesidad de todos los hombres. Lo que no ha sido, es una posibilidad de todos. No puedo dejar de pensar en que para que yo consiguiera escribir y leer este texto como ahora lo hago, fue necesario que muchos quedaran en el analfabetismo. Esta sensación de culpabilidad, producida por el daño que suponemos provoca el desarrollo de nuestra cultura, ha dirigido la actividad y la reflexión artística hacia la producción de un arte caritativo, de un arte interesado; esta sensación es la que ha provocado en el artista la necesidad de justificarse como trabajador, como profesional, como hombre disciplinado y organizado al nivel de cualquier otro trabajador; esta sensación de culpabilidad es la que ha hipertrofiado la importancia de la actividad artística haciéndola asumir funciones que no posee; esta sensación de culpabilidad es la que ha transformado al artista en intérprete de la sociedad, en crítico, en mecenas ideológico de la sociedad, en el ventrílocuo de los que se supone no tienen voz. |
| Hemos querido pagar nuestras culpas siendo caritativos y así hemos terminado eliminando del arte toda su fantasía, su arbitrariedad, es decir, toda su verdadera capacidad de subversión. Nos ha interesado profunda y dolorosamente llegar a los demás con el objeto de llevarles una palabra inteligente que les organice la vida. Esta responsabilidad autoasumida de modificar la conducta del mundo ha escindido, o al menos ha ayudado a escindir al mundo, en una mitad que habla y otra que escucha. Una demostración práctica al respecto, es esta performance, en la cual estamos involucrados ustedes y yo, unos como autores otros como espectadores. |
| ¿Por qué no les incumbe a todos la actividad artística? ¿Por qué sienten los artistas la necesidad de hacer declaraciones trascendentes, de ser la conciencia de la sociedad, los críticos? ¿No es ésta tarea de toda la sociedad? ¿Por qué seguir buscándole un objetivo práctico a la actividad artística? ¿Por qué compensar con bondad social nuestra mala conciencia? |
| El poder cognoscitivo del arte es como el del juego para el niño, y como el juego en el caso del niño enriquece sólo a quien lo ejecuta. Tal vez el placer estético es el placer que nos provoca el sentir la funcionalidad sin un fin específico de nuestra inteligencia y de nuestra sensibilidad. La actual perspectiva de la cultura artística no debería ser más la posibilidad de que todos tengan el gusto de unos pocos sino de que todos sean creadores de cultura artística. De lo que se trata es de preguntarse si realmente el arte es una actividad de especialistas, si es posibilidad de unos cuantos o posibilidad de todos los hombres y mujeres. De lo que se trata es de no hacer del arte un oficio, de demostrar que todo es arte, y que todo el mundo puede hacerlo, de ocuparse de cosas aparentemente insignificantes, de jugar, de transformar el arte en algo ilimitado en cantidad , accesible a todos, y si es posible, creo que si es posible, fabricable por todos. Cuando digo que el arte sea posibilidad de todos los hombres, no me estoy refiriendo a que los espectadores se conviertan en espectadores más activos, si no que en verdaderos autores. |
| Se pensará que no todos los hombres poseen los conocimientos, habilidades, intereses, técnicas artísticas necesarias para producir obras. Y es verdad: no tienen la información necesaria para producir obras que sean aceptadas por el actual gusto artístico. Tal vez por ello no tienen el interés. Las obras que ellos podrían producir, no serían aceptadas por el medio de comunicación, y por ello, de acuerdo a la actual valoración de la cultura, no serían consideradas obras. |
| A nuestros espectadores, no los detiene el costo de producción de una obra ni su ignorancia. Lo que los detiene es el miedo a meterse en algo que supuestamente no les incumbe. Lo que los detiene es el miedo a que su producto artístico sea considerado arbitrario, a que la actual cultura oficial les diga cuando vea su obra: ¿qué es eso?, ¿quién ve eso?, ¿para qué público se hace eso?, ¿qué significa eso? Yo mismo, mientras leo este texto, me doy cuenta que trato de seguir un modelo que se ha venido estableciendo desde siempre, que continúa un texto que ya estaba escrito, que soy envuelto por el, organizado por ésta palabra oficial fuera de cuyos límites está la mudez o la locura. Me atemoriza pensar que en algún momento se me diga: detente, tu texto no es igual al que te precedió, haz fallado, tu balido no es igual al de la oveja, eres un advenedizo, no dominas el oficio de escribir textos, esta actividad no te incumbe, tu texto no será masivo permanecerás en el silencio. Es este temor el que nos detiene. La actual valorización artística enjuicia la obra desde el punto de vista de su contenido y de la eficiencia en que ese contenido puede llegar al mayor número posible de personas. Por esto, la cantidad de público al cual se llega, es la obsesión consagratoria de la obra. Por esta razón, tal vez, “todo arte masivo es casi siempre oficial y todo arte oficial -de cualquier régimen político que sea - es un antagonista del desarrollo de un arte popular”. |
| El arte popular no tiene nada que ver con la masividad. El arte popular necesita y por lo tanto tiende a desarrollar el gusto personal e individual. El arte popular es el que ha realizado siempre la parte más inculta de la sociedad, el sector aquel al cual no le incumbe la actividad artística. Pero este sector inculto ha logrado conservar para el arte características profundamente cultas. Una de ellas, es que los creadores sean al mismo tiempo los espectadores y viceversa. No existe entre quienes lo producen y lo reciben una línea tan marcadamente definida; no existe entre quienes lo producen, la obsesión de llegar al medio de comunicación, la obsesión de ser masivos, de modificar la conducta del mundo, de ser los ventrílocuos de los que no están siendo transmitidos en ese momento. |
El arte popular cifra sus objetivos en la diversión, en el juego, precisamente porque sus autores no se sienten culpables de nada cuando ejecutan su arte. El arte culto en nuestros días ha logrado también esta situación. La gran cuota de libertad del arte moderno no es más que la conquista de un nuevo interlocutor, el otro artista. Esta situación, mantenida por el arte popular se ha fundido, creo yo, en las obras que presenciaremos. |
| Cuando vamos al cine y vemos una película –pensemos en Apocalipsis Now, por ejemplo- escuchamos un subtexto paralelo a la película que nos dice: este es el cine, atención, fíjense, ni se les ocurra hacer alguna vez una película, es muy complicado, muy caro; esta película, por ejemplo, requirió 36 millones de dólares, varios años en Vietnam, un infarto del primer actor, y la casi locura del director, conseguir 36 helicópteros y hacerlos volar. El cine es difícil, eso nos dice esta película también con su historia. A nadie se le ocurra, nos dice esa película, ponerse a hacer una película; por el contrario, acérquense a ver lo que yo he hecho para ustedes, para salvarlos a ustedes, para informarlos, para explicarles la vida. |
| Cuando vemos las obras que presenciaremos, el subtexto de ellas nos dice: ¿ Porqué ustedes no hacen también una película?. Es muy fácil, filman unas imágenes y las articulan con una banda de sonido; no es caro, se trata de seleccionar muy bien lo que se va a combinar, lo que se va a hacer operar, se trata de confrontar conjuntos diferentes de elementos que, al articularse, aclaren, iluminen, acoten un determinado espacio de la realidad, llamen la atención sobre ciertas zonas de la realidad. Si uno tuviera que contar las obras que veremos a continuación, seguramente, no contaríamos una historia, sino que detallaríamos los elementos que las constituyen. Estas obras actúan como el buen animador de televisión, como aquel que envalentona al público para que participe. Estas obras proponen un arte que anime a los espectadores a producir nuevas obras, que envalentone a los espectadores. |
| Estas obras que presenciaremos, proponen hacerlo todo ahora con los recursos que se tengan. Estas obras activan, energizan. En la medida que nos planteamos el arte como una necesidad y una posibilidad de todos los hombres y mujeres, nos atreveremos a terminar con el fariseísmo de dejarse abandonado a sí mismo, para hablar en representación de los demás. En la medida que entendamos el arte como una forma colectiva de pensar podremos recuperar la frase de Luis XIV que dice: "El Estado soy yo". Esta frase que pareciera ser el paradigma del individualismo, asumida como objetivo y responsabilidad de todos los hombres puede ser la señal de la democracia. |
| Abandonemos las culpas y las malas conciencias nos dicen las obras éstas que presenciaremos. Hablemos de nosotros sin temor, no nos asuste no ser masivos, logremos que todos los hombres puedan decir el Estado soy yo, la imprenta soy yo, las salas de cine soy yo, el teatro, la literatura soy yo. En ese momento, se concretará la masividad que para entonces no requerirá de artistas o de pensadores que la representen, que la guíen, o que la entretengan. He intentado que este texto sea el ejercicio práctico de la proposición que el conlleva, pero sin embargo este texto ha tenido que organizarse de una manera precaria y lamentablemente especializada, bajo el riesgo de caer en la mudez y en la incomunicación. Este texto debió haber eludido su afán totalitario, su obsesión por atar cabos sueltos, por organizar algunos datos para construir una cosmogonía y orientar al mundo. Tal vez no me atreví a desechar definitivamente el texto totalizador y asumir el fragmento inútil como forma de expresión, tuve miedo a no ser entendido, a no ser útil. Este texto debió ser – tal vez aún puede lograrlo- una onda que se expande y que provoque otra onda. Este texto debería transmitir solamente el placer que se obtiene al exponerse impúdicamente y contagiar a los lectores o auditores en el gusto por practicar este tipo de juego; esa debería ser la única utilidad de este texto. |
| Propongo el cine como un espacio en blanco a ser llenado con una escritura que desaparezca al ser trazada como cuando alguien dibuja con tinta invisible y solamente logramos ver el movimiento enigmático de la mano que al dibujar deja exclusivamente, empecinadamente, su sólo gesto, su secreto. Propongo perder el miedo al espacio en blanco, propongo perderle el miedo al vacío. Reconozco que este texto intenta desesperadamente ser reconocido como ensayo en la feria pública de la industria de la cultura. Diría que este texto se organiza en función de una exigencia suprema que lo autorice para ser presentado a la mirada pública. La marca de fábrica, el sello de garantía, la exigencia suprema que busca este texto, al cual aspira este texto, y de la que no sin razón supone paradojalmente huir, es la exigencia de los espectadores, cuya memoria compara cada nuevo texto que lee o escucha con todos los textos leídos en la trayectoria de sus vidas. Este texto busca un bautismo que lo limpie de la culpa de la incomprensibilidad. Este texto ha escuchado, con soberbia, es cierto, el llamado de la institución que le dice: abandona el ruido, ven conmigo a la sinfonía, deja la duda y el anonimato e instálate acá en la certeza, en la claridad del poder. El autor de este texto ha sentido un oscuro placer al descubrir que ama con la misma intensidad el poder de la institución y la libertad de la marginalidad. Este texto solamente podrá, creo yo, exponer esta contradicción, este terror. Dirección: Carlos Flores, Sebastián Arriagada |
Guión: Versión original (1980) Carlos Flores.
Adaptación (2025) Carlos Flores, Sebastián Arriagada Producción: Carlos Flores, Sebastián Arriagada, PCP (Por un Cine Posible) Edición: Sebastián Arriagada Sonido: Marco Avilez Música: Marco Avilez, Fer Rioseco Diseño: Andrés Casas, A.C.C.A |
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